miércoles, 24 de julio de 2013

Conocimiento e imaginario social - David Bloor Parte 23


Conclusión ¿dónde nos encontramos?

Las categorías del pensamiento filosófico forman un paisaje intelectual. Sus grandes hitos se denominan “verdad”, “objetividad”, “relativismo”, “idealismo”; “Materialismo”, etc. La ciencia es causal, teórica, neutral, a menudo reduccionista como el sentido común; se opone a la teleología, al antropomorfismo y a lo que es trascendente. La estrategia global ha sido unir las ciencias sociales lo más estrechamente posible con los métodos de otras ciencias empíricas: basta con proceder como lo hacen las otras ciencias u todo irá bien.

Al delinear el programa fuerte en sociología del conocimiento, he intentado captar lo que pienso que realmente hacen los sociólogos cuando inconscientemente adoptan la postura naturalista en su disciplina. Sólo las visiones parciales serán presa de ciertas inconsistencias. Las ideas del conocimiento se basan en representaciones sociales, que la necesidad lógica es una especie de obligación moral y que la objetividad es un fenómeno social.

Aunque que he acentuado el carácter materialista de la aproximación sociológica, el materialismo tiende aún a ser pasivo y no activo. Espero que no puede decirse que no sea totalmente dialéctico, pero sin duda representa al conocimiento como teoría más que como práctica. Parecen tener, los críticos de la sociología del conocimiento, menos recursos para enfrentarse con el problema que quienes mantienen una aproximación naturalista. La filosofía de Popper hace de la ciencia un asunto de pura teoría en vez de una técnica en la cual podemos confiar. Sólo provee una ideología para el científico más puro y deja al ingeniero y al artesano sin auxilio.

La topografía del intelectual no es moralmente neutra. La Racionalidad y la Causalidad luchan entre sí como si fueran las fuerzas del Bien y del Mal. Las respuestas prefabricadas y las evaluaciones convencionales son tan inapropiadas para la sociología del conocimiento como predecibles por ella. El relativismo es simplemente lo opuesto al absolutismo, y seguramente es preferible a él.

Es innegable que el programa fuerte en la sociología del conocimiento descansa sobre una forma de relativismo. Éste adopta lo que se puede llamar “relativismo metodológico”, una posición resumida en los requisitos de simetría y reflexividad que fueron definidos al principio. Todas las creencias deben ser explicadas de la misma manera general, al margen de cómo se evalúen.

Una forma en la que la sociología del conocimiento podría autojustificarse polémicamente en su relativismo es insistir en que no es más no menos culpable que otras concepciones del conocimiento que normalmente escapan esta acusación. La sociología del conocimiento puede formular fácilmente lo esencial de su propio punto de vista en los términos de esa filosofía. Todo conocimiento es relativo a la situación local de los pensadores que lo producen: las ideas y conjeturas que son capaces de producir, los problemas que les inquietan la interacción entre presupuestos y crítica en su medio social, sus objetivos y pretensiones, las experiencias que tienen y los patrones y significados que aplican. Tampoco se altera la situación porque al explicar la conducta y la creencia algunas veces se establezcan suposiciones sobre el mundo físico que circunda a los actores. Si Popper está en lo cierto, este conocimiento también es conjetural. La explicación entera es una conjetura, aunque sea una conjetura sobre otras conjeturas.

Un sociólogo puede asumir la insistencia de Popper en que lo que establece el conocimiento científico no es la verdad de sus conclusiones sino las reglas de procedimiento, los patrones y las convenciones que los conforman.

Considerar todo conocimiento como algo conjetural y falible es realmente la forma más extrema de relativismo filosófico. Lo que constituye la misma existencia de la ciencia es su condición de actividad en proceso; es un modelo de pensamiento y conducta, un estilo de abordar las cosas que tienen sus normas y valores característicos. Si podemos vivir con el relativismo moral, podemos vivir con el relativismo cognitivo.

La ciencia puede ser capaz de funcionar sin verdad absoluta, aunque tal verdad podría subsistir. Este sentimiento residual seguramente descansa sobre una confusión entre la verdad y el mundo material. Pero creer en un mundo material no justifica la conclusión de que exista un estado final o privilegiado de adaptación a él que constituya el conocimiento o la verdad absoluta. Como ha sostencito Kuhn con gran claridad, el progreso científico (que es bastante real) es como la evolución darwiniana. Hemos alcanzado la posición actual en el progreso y evolución de nuestro conocimiento, de igual manera que ocurre en la evolución de nuestras especies, sin faro ni meta alguna que nos guíe.

Se acusa a la sociología del conocimiento de relativismo como de subjetivismo. Si no se hubiese sostenido la existencia de la objetividad no habría habido necesidad de desarrollar una teoría para describirla. Son otras teorías de la objetividad las que quedan refutadas mediante un análisis sociológico, no el fenómeno mismo. Una teoría sociológica de la objetividad probablemente otorga a ésta un papel más prominente en la vida humana del que ellos mismos le conceden. Desde esta teoría, el conocimiento moral también puede ser objetivo. El conocimiento parece diferente al percibirse desde diferentes ángulos. Basta aproximarse a él por un camino inesperado, observarlo desde una perspectiva inusual, para que no sea reconocible a primera vista.

Me siento más que feliz cuando veo a la sociología descansando en los mismos fundamentos y supuestos que las otras ciencias, cualquiera que sea su categoría y su origen. Realmente, la sociología no tiene otra elección que la de descansar en esos fundamentos, ni tampoco ningún otro modelo más apropiado que adoptar. Pues ese fundamento es nuestra cultura misma. La ciencia es nuestra forma de conocimiento. Que la sociología del conocimiento se mantenga o sucumba junto a las otras ciencias me parece muy deseable como destino y altamente probable como predicción.