viernes, 26 de julio de 2013

Ideología y Utopía Paul Ricoeur Resumen Parte 2


Marx: la Crítica de Hegel y los Manuscritos

El primer concepto de ideología en Marx está determinado, no por su oposición a la ciencia, sino por su oposición a la realidad. Lo que Marx se propone es determinar qué sea lo real. Esta determinación afectará el concepto de ideología puesto que ideología es todo aquello que no es realidad. En sus primeras obras se inicia el difícil progreso hacia la identificación de realidad y praxis humana. Éstas representan un movimiento hacia esa identificación de realidad y praxis y, en consecuencia, hacia la constitución de la oposición entre praxis e ideología.

Un aspecto principal de su concepto marxista de ideología es su liberación de una antropología feuerbachiana. La pugna de Marx por liberarse de la antropología de Feuerbach es sumamente significativa porque mientras el concepto de realidad humana como Gattungswesen (esencia genérica), como ser de la especie, no habrá reducido a la praxis empírica, el concepto de ideología mismo no habrá recibido su contrario apropiado y tampoco en consecuencia su propio contenido apropiado. Como una progresiva reducción del Espíritu (Geist) hegeliano mediante el concepto feuerbachiano de ser de la especie al concepto de praxis propiamente marxista. Lo que Marx considera una crítica ideológica de un concepto: la crítica es una reducción, una reducción del concepto a su base, a su base concreta de existencia. Ésta es la dificultad del concepto marxista de ideología:

·      Por un lado, la ideología queda excluida de la base concreta de existencia pero,
·      por otro lado, la ideología es generada ineluctablemente desde el seno de esa base.

El autor examinará el movimiento progresivo en los textos de Marx, movimiento que muestra el desarrollo de su concepto de ideología alcanzado sólo en su libro La ideología alemana.

Marx inicia escribía en una introducción la famosa afirmación: “En el caso de Alemania, la crítica de la religión está esencialmente completada; y la crítica de la religión es el requisito previo de toda crítica”. Marx se refiere directamente a Feuerbach, de manera que en Marx la crítica de la religión es algo ya cumplido. Considera que esta crítica ha sido completada y que por lo tanto él no tiene necesidad de volver a ella. Aquí tenemos el modelo de toda crítica de la ideología. El primer concepto de ideología en Marx está construido precisamente de acuerdo con este modelo. Algo se ha invertido en a conciencia humana y nosotros tenemos que invertir la inversión; tal es el procedimiento de la critica.

Marx tiene un concepto muy abstracto de la realidad humana: “La religión es a fantástica realización del ser humano porque el ser humano no ha alcanzado una verdadera realidad”. Este texto es típicamente feuerbachiano. Todavía no es marxista. Aquí ya hay cierto desplazamiento hacia las condiciones sociales que hacen realmente posible la realidad humana. Si bien Marx transfiere el problema desde la esfera de la representación a la esfera de a producción, todavía la producción es una cuestión de “autoconciencia”, de “conciencia del mundo”, de “autoestima”, nociones todas que implican un concepto idealista de conciencia, un resto del Espíritu hegeliano; la conciencia es el lugar apropiado porque es allí, según Marx, donde tiene lugar la fabulosa producción, la “fantástica realización del ser humano”.

Marx  ya formuló sus oposiciones principales valiéndose de un tipo de pensamiento y hasta de una retórica que son notables. “La crítica arrancó las flores imaginarias de la esclavitud, no para que el hombre soportara sus cadenas sin fantasía o consuelo, sino para que abandonara las cadenas y recogiera la flor viva”. La flor viva de la vida real es yuxtapuesta a las flores ilusorias, a los símbolos religiosos que tienen una función meramente decorativa. La razón es todavía una importante contraparte de la fantasía, invocar a la razón es apelar al racionalismo. Y esto es típicamente kantiano por su lenguaje. “La religión es solo el sol ilusorio alrededor del cual gira el hombre mientras no llega a girar alrededor de sí mismo”. Los individuos humanos deben centrarse una vez más alrededor de sí mismo. La orientación de Marx está aún a la sombra del idealismo alemán que coloca la conciencia y la autonomía humanas en la cumbre del universo. El último estadio de esta recuperación de la autonomía y de la autoafirmación de la conciencia es una especie de ateísmo, es una ateísmo idealista puesto que la autoconciencia humana es el centro de esta reafirmación del ser humano. Aquí se expresa una antropología humanista.

Este es pues el punto de partida de Marx que le ofrece a Feuerbach. Marx recoge un problema que no fue él el primero en identificar, pero entiende que su tarea particular es la de extender esta crítica desde la religión al derecho y a la política. Pero, ¿por qué este desplazamiento de la crítica de la teología a la crítica de la política, desde el cielo a la tierra? Porque para Marx, la política alemana era anacrónica, especialmente comparada con la de Francia e Inglaterra, países en los que ya se habían desarrollado revoluciones burguesas.

Marx aplica esta idea de la “prolongación ideal” a las relaciones de los alemanes con su historia. Es la misma estructura que Feuerbach aplicó al cristianismo en su relación con el mundo occidental en general. En núcleo de la filosofía anacrónica de Alemania, según Marx, es la filosofía del Estado, la filosofía política, en particular la filosofía política de Hegel. Esta filosofía política es la fuente que alimenta lo que Marx llamó “historia de sueños” de Alemania. Si bien el vocabulario filosófico de Marx no es muy riguroso cuando equipara expresiones tales como “mitología”, “histórica de sueños”, “imaginación” y “prolongación ideal”, estas expresiones se refuerzan recíprocamente. Se las emplea a causa de su poder acumulativo. Estas frases tienen un inequívoco poder acumulativo.

Lo que Marx ataca en la filosofía política es la filosofía especulativa del derecho, en la cual pasamos desde la idea del Estado hacia sus componente. Para Marx éste será el modelo del pensamiento ideológico, un movimiento que va desde la idea a la realidad y no desde la realidad hacia la idea.

La declaración de Marx representa un buen enfoque del concepto de ideología puesto que la abstracción del Estado es una filosofía especulativa del derecho expresa el hecho de que el Estado existente es él mismo una abstracción de la vida. Aquí está operando una especie de ideología histórica. Una vez más se clarifican las oposiciones: “pensamiento abstracto” versus “realidad”, “versión mental” versus “hombre real”; abstracción imaginaria versus lo que Marx llama el “hombre real” o el “hombre cabal”. “Hombre cabal” deriva fundamentalmente el concepto de Gattungswesen de Feuerbach.

Marx llega a la conclusión de que la única crítica que puede modificar la realidad es una crítica ejercitada, no mediante palabras e ideas, tal como la crítica por los hegelianos de izquierdas que son pensadores especulativos, sino una crítica que incluya la praxis concreta. Marx afirma que esta crítica práctica, concreta, sólo se actualiza cuando está apoyada por una clase de la sociedad que representa la universalidad; transferida desde a esfera del pensamiento a una clase real. El primer concepto marxista del proletariado se construye de esta manera. El concepto abstracto, puesto que se dice del proletariado que es la clase que no tiene intereses particulares y que por hallarse privada de todo representa los verdaderos intereses de la sociedad como todo. 

El concepto del proletariado es abstracto de una manera que para el Marx maduro será ideológica. El proletariado es una construcción abstracta; Marx reclama un lugar para las necesidades de la clase universal, lugar que debe suceder al ocupado por el pensamiento universal. Marx dice: “Una revolución radical sólo puede ser una revolución de las necesidades radicales cuyas condiciones previas y cuyos lugares de nacimiento faltan”. Este concepto de necesidad reemplaza al concepto de pensamiento universal. La necesidad radical reemplaza el pensamiento radical. La oposición es una oposición entre la actividad abstracta de pensamiento y la lucha real. Este énfasis no lleva al famoso desarrollo de una “clase con cadenas radicales” una clase que está en la sociedad civil y que no es de la sociedad civil, un patrimonio que es la disolución de todos los patrimonios, una esfera de la sociedad que tiene carácter universal. El concepto es fundamentalmente una construcción abstracta: el proletariado continúa siendo aún un concepto filosófico. Marx termina esta densa y fatigosa introducción vinculando la emancipación real de toda la sociedad, su “posibilidad positiva”, con una clase que sería una clase de cadenas radicales, una clase “que no puede pretender a ningún título tradicional sino tan sólo pretende un título humano…”. La idea abstracta de humanidad, tomada de Freuerbach, es el continuo soporte antropológico de todo el análisis.

El método de Marx está muy cerca del que aplicó Freuerbach a la religión: es un método reductivo, una reducción del mundo abstracto de la representación, de pensamiento, a su base concreta, empírica; representa un vuelco de la representación mística. El modelo freuerbachiano expresado en la lógica de Hegel. Mientras en la realidad la humanidad es el sujeto y lo divino es un predicado, la religión transforma este predicado divino es un sujeto, en un Dios y lo humano se convierte en un predicado de este sujeto absoluto. El problema que afronta el joven Marx es saber quién es el sujeto real. La tarea de Marx consiste en lograr en su crítica de la filosofía lo que Freuerbach logró en su crítica de la teología: restablecer la primacía de lo finito, de os concreto, de lo real.

Nosotros deberíamos ser más cuidadosos que Marx en cuanto a determinar lo que Hegel quiere decir con la expresión “ideal real”. Hegel llama wirkliche a la ideal real, verdadera, pero ¿en qué sentido? No en sentido de lo empírico, sino en el sentido de lo operante, de lo efectivo. De manera que en Hegel, la idea “ideal real” no es ni un ideal, como en Platón, ni algo empírico y dado como para Maquiavelo; es antes bien algo que opera a través de la historia como un germen, algo que tiene realidad y racionalidad. La idea no es un ideal, sólo la familia y la sociedad civil son ideales en el sentido de que son abstracciones de esa entidad concreta que en Hegel es el Estado entendido como encarnación institucional de Volksgeist.

Pero Marx no reconoció este carácter tan complejo de la idea de Hegel, para él hablar de wirklice Idee, la idea real, la idea verdadera, es proyectar algo a algún lugar que está por encima de nosotros, como espíritu real infinito o Espíritu. Dice Marx, las instituciones reales de la vida humana real se convierten en meros receptáculos o apariencias de la idea, en encarnaciones de una realidad ajena que flota por encima de ellas.

Marx toma el comentario de Hegel como una especie de texto poético, como algo que debe ser traducido. Marx intenta hacer una reducción a la economíaa política, sino que lo es a la experiencia ordinaria. La experiencia ordinaria nos dice ella misma que el Estado no es (como lo era para Hegel) una encarnación de la “idea real”, sino que en realidad los ciudadanos viven en Estados que tienen censura, tortura, etc. El movimiento va desde la idea a la experiencia corriente, aun cuando ésta no esté todavía colocada dentro de un nuevo marco teórico.

La palabra empleada aquí para designar existencia es Dasein, que significa, lo que está allí. En contraste con lo que solamente es pensado, Marx subraya lo que está realmente allí. El parentesco con Feuerbach es evidente. Marx no tiene ninguna dificultad en transponer su propio lenguaje en el de la relación de sujeto y predicado. El concepto de inversión que yo considero central como hilo conductor de todos estos análisis. Una vez más nos encontramos ante la inversión de una inversión.

Aunque la palabra ideología no aparece, la ideología significa ya esta inversión de la realidad. Las implicaciones de esto no son tan evidentes en la medida en que la contrapartida de la ideología continúa siendo aún algo abstracto: aquí la familia y la sociedad civil aparecen como fuerzas activas. Marx se concentra principalmente en la noción de inversión. Él mismo termina su discusión con las siguientes palabras: “Todo el misterio de la Filosofía del derecho y de la filosofía hegeliana en general está contenido en estos párrafos”. La Crítica establece tanto el paradigma de la inversión como el método transformativo que Marx habrá de utilizar de manera cada vez más concreta a lo largo de todo el desarrollo del concepto de ideología.

Los Manuscritos, lo mismo que la Crítica, no tratan directamente el concepto de ideología. En el índice alemán de conceptos, la palabra “ideología” ni siquiera aparece. Los Manuscritos, tienen interés no porque describan el concepto de ideología sino antes bien por la elaboración del concepto opuesto, la elaboración de lo que constituye la base concreta de la vida humana opuesta a la construcción ideológica. El concepto de ideología no quedará completado hasta que no sepamos aquello a lo que lo oponemos, aquello con lo que debemos contrastarlo.

En los Manuscritos es decisiva la pugna de Marx contra el concepto feuerbachiano de Gattungswesen, el ser de la especie. Si el concepto de ser de la especie es una construcción abstracta, debe ser considerado él mismo como ideológico. La ideología alemana de Marx atacada allí ya no es la filosofía de Hegel: la crítica de Hegel ya ha sido hecha y ha terminado, Marx ataca eb cambio precisamente a los hegelianos de izquierda, entre los cuales se encuentra Feuerbach. De manera que se produce una división en el ala izquierda del hegelianismo. El concepto de realidad que suministra el contraste básico frente al concepto de ideología permanece, por lo tanto, incierto mientras el ser de la especie de Feuerbach no haya sido desenmascarado y mostrado como un concepto de sombras y, a decir verdad, como una mera y pobre reformulación del Espíritu hegeliano, del Geist hegeliano.

En La miseria de la filosofía, Marx dice que Feuerbach es en definitiva más pobre que Hegel. Y esto es cierto en la medida en que Hegel es seguramente más rico que Feuerbach en cuanto a contenido. La crítica de la religión y la clase de ateísmo propiciada por Feuerbach son en un sentido fundamental la culminación del pensamiento idealista. Asignan a la conciencia humana poder divino. La autocoenciencia se convierte en la portadora de todos los predicados desarrollados por la cultura, la autoconciencia es el primordial concepto idealista. En Feuerbach, todo ocurre en el interior de la conciencia humana, tanto su alienación como su emancipación; todo ocurre, por lo tanto, en el campote las ideas, en el campo de la representación. EN lugar de haberse abandonado la afirmación kantiana y fichteana de la autonomía de la conciencia, se ha reforzado dicha afirmación.

La afirmación de que el ser humano es la medida de todas las cosas es en definitiva la afirmación central. El concepto de conciencia es por su construcción abstracta un concepto ateo. La dependencia quizá sea a única verdad posible de la religión. Todo lo que no sea autonomía es alienación, Para hablar como Marx, en realidad el misterio aquí es:

1.    Cómo una conciencia que se afirma así misma pueda perder su propio control, pueda tener enajenado su control.
2.    Cómo es poder, una vez enajenado, pueda volver a recuperarse.

En los Manuscritos, Marx guarda una relación ambigua con Feuerbach . Esa ambigüedad resulta especialmente aguda en el empleo que hace Marx del concepto de ser humano. Nos dará la clave para interpretar el texto de Marx. A veces Marx describe al ser humano como el individuo viviente, pero al mismo tiempo también conserva las propiedades que Feuerbach  asigna al ser humano, es decir, como portador universal de todas las cualidades concebibles y de la representación ideal de éstas. Para Feuerbach, el ser humano como ser de la especie es infinito, en tanto que los individuos son sólo sus expresiones finitas. Feuerbach  reunión y concentró en el concepto de ser humano el conjunto de todos los predicados de perfección y manifestó que este conjunto de perfección es al mismo tiempo un sujeto que se afirma a sí mismo. Feuerbach  vacilaba entre un superidealismo concentrado en el ser humano y una forma de materialismo filosófico.

Los Manuscritos representan un intento de Marx de naturalizar y de disolver desde adentro este humanismo feruerbachiano y todas sus resonancias idealistas. La relación del ser humano con la naturaleza y del ser humano con el ser humano absorberá los predicados idealistas y Marx dirá que estas relaciones son respectivamente naturales y genéricas. En los Manuscritos  permite preservar la dignidad de un ser natural que es al mismo tiempo el portador universal. Las relaciones intersubjetivas particulares prestan apoyo a la básica función genérica; dichas relaciones alimentan el sentido de ser de la especie o de esencia genérica. Esta interacción exhibe un tono específicamente marxista de naturalismo.

Al rechazar esta mezcla, los críticos que niegan la significación marxista última de los Manuscritos tienen razón en este sentido: algo fundamentalmente hegeliano gobierna todo el proceso de su pensamiento, es decir, el papel de la conciencia al objetivarse y al negarse en su producto. Los seres humanos se producen como objetos. Podríamos decir que en la obra del joven Marx se da cierta reciprocidad: así como Marx sostiene que la economía funda las orientaciones de la filosofía, del mismo modo la metafísica alemana invade la propia pintura que Marx hace del proceso económico.

Debemos observar en el joven Marx la persistencia de las categorías de sus predecesores. Como lo hace más evidente en los Manuscritos donde manifiesta una fuerte conjunción, aún indiferenciada, entre conceptos hegelianos, feuerbachianos y los que llegarán a ser conceptos específicamente marxistas.

Conceptos importantes de Hegel (como extrañamiento, objetivación) y Feuerbach (ser de la especie, poderes genéricos) son reformulados aquí y colocados dentro de la estructura del trabajo. El proyecto de Marx es una reconstrucción, una reconstrucción  filosófica, del concepto de trabajo, Marx reconstruye el concepto de trabajo, no como un fenómeno descriptivo, sino como un proceso que adquiere sentido por obra del ser de la especie que se objetiva en una objeto en un producto y que luego se reconoce a sí mismo en el producto; éste es el proceso de objetivación y enajenación.

Marx está recapitulado un tema fundamental de la filosofía alemana. La idea de vaciarse uno en algo diferente para convertirse en una mismo es un tema que se puede rastrear desde Marx a través de Hegel hasta por lo menos la época de los místicos alemanes, tales como Boehme. Lo que Marx llama “tratar esos poderes genéricos como objetos” es continuación de una larga línea de la historia alemana que refleja la función creadora de vaciarse uno mismo para reafirmarse a sí mismo. La continuidad y la discontinuidad de Marx respecto de sus antecesores intelectuales son, pues, en alto grado significativas. En los Manuscritos, conceptos hegelianos y feuerbachianos tales como objetivación, realización, alienación y extrañamiento se emplean sin mucho rigor para describir la estructura subyacente de la relación de los seres humanos con su trabajo, con los productor de su trabajo, con la actividad del trabajo, con los otros trabajadores y con el dinero que priva a los individuos de la significación de su trabajo.

Al abordar los Manuscritos podremos estar preparados para identificar esa extraña mezcla de una metafísica de lo universal procedente de Hegel, de una visión humanística del ser de la especie, procedente de Feuerbach, y de la verdadera problemática marxista de los seres humanos concebidos como trabajadores enajenados en su trabajo.