martes, 2 de julio de 2013

Conocimiento e imaginario social - David Bloor Parte II


La autonomía del conocimiento

Se deriva de la convicción de que algunas creencias no requieren explicación, o no necesitan de una explicación causal. Este sentimiento es particularmente fuerte cuando las creencias en cuestión se toman como verdaderas, racionales, científicas u objetivas.
 Cuando alguien yerra en su razonamiento, entonces la misma lógica nos constituye una explicación. Tal vez el razonamiento sea demasiado difícil para la inteligencia limitada del que razona, tal vez se haya despistado, o esté demasiado involucrado emocionalmente en el tema de discusión. Así, Ryle dice “dejemos que el psicólogo nos diga por qué nos engañamos; pero nosotros podemos decirnos mismos y a él por qué no nos estamos engañando”. No hay nada que provoque que la gente haga cosas correctas, pero que hay algo que provoca o causa que se equivoquen.

Todas dividen al comportamiento o la creencia en dos tipos: correcto o equivocado, verdadero o falso, racional o irracional. No se requiere habilidad alguna en sociología o psicología: solamente habilidad en la actividad intelectual misma.

En la teoría de Lakatos sobre cómo debatía escribirse la historia de la ciencia se proponía como primer requisito previo elegir una filosofía o metodología de la ciencia; descripciones de lo que la ciencia debería ser y de cuáles son los pasos racionales dentro de ella. La filosofía de la ciencia elegida se convierte en el arco del cual depende todo el trabajo subsiguiente de explicación Guiados por esta filosofía, debatía ser posible desplegar la ciencia como un proceso que ejemplifica sus principios y se desarrolla de acuerdo a sus enseñanzas. Se muestra que la ciencia es racional a la luz de dicha filosofía. Lakatos la llama “reconstrucción racional” o “historia interna”.

Lakatos insiste en que la historia interna necesita complementarse siempre con una “historia externa”, Ésta se ocupa del residuo irracional. Se trata de una cuestión que el historiador filosófico pondrá en manos del “historiador externo” o del sociólogo.

Los puntos que se deben destacar de este enfoque son:

1.    Que la historia interna es autosuficiente y autónoma: mostrar el carácter racional de un desarrollo científico es suficiente explicación en sí misma de por qué los hechos tuvieron lugar.
2.    Las reconstrucciones racionales no sólo son autónomas, sino que también tienen una prioridad importante sobre la historia externa o la sociología; cierran la brecha entre la racionalidad y la realidad, tarea que no queda definida hasta que la historia interna haya cumplido la suya.
Lakatos responde a la pregunta de cómo decidir qué filosofía debe dictar los problemas de la historia externa o de la sociología. La mejor filosofía de la ciencia para él, es la que minimiza su papel. Se deberá medir por la cantidad de historia real que pueda mostrarse como racional. Siempre habrá algunos acontecimientos irracionales en la ciencia que ninguna filosofía será capaz de (o estar dispuesta a) redimir y menciona, como ejemplos, ciertos episodios molestos de la intervención estalinista en la ciencia, como el asunto Lysenko en biología.

No importa cómo se elijan los principios centrales de racionalidad, o cómo puedan cambiar, la clave está en que, una vez elegidos, los aspectos racionales de la ciencia se sostienen como auto-impulsados y autoexplicativos. Las explicaciones empíricas o sociológicas se confinan a lo irracional. La teoría que subyace tácitamente a estas ideas es una visión teleológica, o encaminada a metas, del conocimiento y de la racionalidad.

Somos animales racionales que razonamos conectamente y nos aferramos a la verdad en cuanto se nos pone a la vista. Las creencias que son claramente verdaderas no requieren entonces ningún comentario especial; su verdad basta para explicar por qué se cree en ellas. Por otro lado, este progreso auto-impulsado hacia la verdad puede ser obstaculizado o desviado, y en ese caso se deben localizar causas naturales; éstas darán cuenta de la ignorancia, el error, el razonamiento confuso y cualquier impedimento al progreso científico.

Aquí,  las causas sociales se equiparan con factores “extrateóricos”. El comportamiento orientado según la lógica interna de una teoría funciona como la línea de división que permite localizar aquellas cosas que sí requieren una explicación. Según Ryle y Lakatos: “cuando hacemos lo que es lógico y procedemos correctamente, no se necesita decir nada más”. Lo que es natural es proceder correctamente, es decir, orientados hacia la verdad, probablemente aquí también actúa el modelo teleológico.

¿Cómo se relaciona este modelo de conocimiento con los principios del programa fuerte? Sólo se pueden localizar las causas del error. La sociología del conocimiento queda reducida a una sociología del error. Si el modelo teleológico es verdadero, entonces el programa fuerte es falso. Los modelos causales y teleológicos representan, por tanto, alternativas programáticas que se excluyen entre sí; se trata de posiciones metafísicas opuestas. Todo lo que se puede hacer es verificar la consistencia interna de las diferentes teorías y luego ver qué sucede cuando la investigación y la teorización prácticas se basan en ellas. Si es posible decidir su verdad, sólo se podrá hacer después de que se hayan adoptado y usado, no antes. La sociología del conocimiento no está obligada a eliminar una posición rival; sólo tiene que tomar distancias, rechazarla y asegurarse de que su propia “casa” está en orden (lógico).

Estas objeciones al programa fuerte no se basan, pues, en la naturaleza intrínseca del conocimiento visto desde la posición del modelo teleológico. Sólo si el modelo reclama toda nuestra atención nos atarían sus correspondientes patrones de explicación, pero su mera existencia no le otorgan la fuerza de una prueba.
El modelo teleológico es perfectamente consistente y tal vez no haya razones lógicas por las cuales alguien deba preferir el enfoque causal a la posición orientada conforme a fines. Los procesos causales se presentarán de modo que los errores percibidos queden en un segundo plano y, en cambio, resalten la forma de la verdad y de la racionalidad. La naturaleza adoptará entonces una significación moral, apoyando y encarnando lo verdadero y los correcto. Aquellos que tienden a ofrecer explicaciones asimétricas tendrán así todas las oportunidades de presentar como natural lo que dan por supuesto. Se trata de una receta ideal para apartar a vista de nuestra propia sociedad, de nuestros valores y creencias y atender sólo a las desviaciones.

El programa fuerte hace exactamente lo mismo en ciertos aspectos. Se basa, asimismo en valores. Insiste en otorgar a la naturaleza un cierto papel con respecto a la moralidad, aun cuando sea un papel negativo, lo que quiere decir que también presenta como natural lo que da por supuesto.

El programa fuerte posee cierto tipo de neutralidad moral; el mismo tipo de hemos aprendido a asociar con las demás ciencias; se impone a sí mismo la necesidad de mismo tipo de generalidad que las demás ciencias. Sería una traición a estos valores, al enfoque de la ciencia empírica, elegir adoptar la posición teleológica. Se trata de que estos puntos pongan en manifiesto las ramificaciones de nuestra elección y expongan aquellos valores que habrán de informar nuestro modo de enfocar el conocimiento. La sociología del conocimiento ya puede actuar, si lo desea, sin estorbos ni obstáculos.