jueves, 17 de octubre de 2013

Resúmenes Cambio Social II Parte 6


En la asignatura de Cambio Social II del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.

1- Los movimientos sociales como fuerzas de cambio “Sociología del cambio social” de Sztompka, capítulo 19, pp. 303 a 330. Tomás Javier Prieto González // “Las revoluciones: la cumbre del cambio social” de Sztompka, capítulo 20, pp. 331 a 350. Tomás Javier Prieto González 2- Los movimientos sociales: principales teorías Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación (Funes/Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 1, pp 21 a 58) // Tomás Javier Prieto González // El estudio del contexto político a través de la protesta colectiva. Participación y democracia (Adell, en Funes/Adell, capítulo 3, pp 77 a 108). // Julia Ortega Tovar Participación y democracia: Asociaciones y poder local (Brugué/Font en Funes/Adell, capítulo 4, pp 109 a 132). Julia Ortega Tovar 3- Los nuevos movimientos sociales en el contexto histórico y de la mundialización Génesis y desarrollo de los movimientos sociales desde una perspectiva histórica. El movimiento obrero (Pastor, en Funes/Adell, capítulo 2, pp 59 a 76). Tomás Javier Prieto González // La dimensión individual en la acción colectiva (Funes, en Funes/Adell, capítulo 8, pp 225 a 254). José Antonio Puig Camps // Los movimientos antiglobalización (Ibarra/Martí, en Funes/Adell, capítulo 10, pp 285). José Antonio Puig Camps 4- Estudios de caso y campañas Dimensión simbólica y cultural del movimiento feminista (Robles/de Miguel, en Funes/Adell, capítulo 5, pp 133 a 162). Víctor Riesgo Gómez // Identidad colectiva y movimiento gay (Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 6, pp 163 a 190) //  Javier Hermoso Ruiz Organización y estructura del movimiento ecologista (Jiménez, en Funes/Adell, capítulo 7, pp 191 a 224). Blas García Ruiz

 La revolución como forma de cambio


Las revoluciones son las manifestaciones más espectaculares del cambio social. Señalan rupturas fundamentales en el proceso histórico, dan nueva forma a la sociedad humana desde dentro y remodelan a la gente. No dejan nada como antes; cierran épocas y abren otras nuevas. En el momento de la revolución, las sociedades experimentan la cumbre de su agencia, el estallido de su potencial de autotransformación. En este sentido las revoluciones son signos de salud social.

Las revoluciones se distinguen por cinco rasgos:

1.    Producen cambios del más vasto alcance, tocando todos los noveles y dimensiones de la sociedad: la economía, la política, la cultura, la organización social, la vida cotidiana, las personalidades humanas.
2.    Los cambios son radicales, fundamentales, y alcanzan al núcleo de la constitución y del fundamento societales.
3.    Son excepcionalmente rápidos, aconteciendo de forma súbita como un estallido de dinámicas en medio del lento flujo de los procesos históricos.
4.    Las revoluciones constituyen las exhibiciones más sobresalientes de cambio; son  tiempos excepcionales y por tanto memorables.
5.    Concitan reacciones particularmente emocionales e intelectuales en lso participantes y en los testigos: una erupción de movilización de masas; entusiasmo, excitación, alegría, júbilo, optimismo y esperanza; dispara las aspiraciones y las visiones utópicas del futuro inmediato.

Las revoluciones conocidas como “grandes”: la inglesa (1640), la americana (1776) y la francesa (1789), alumbraron la modernidad. Las revoluciones rusa (1949) y china (1949) iniciaron el período comunista, y alas revoluciones anticomunistas de Europa central y oriental (1989) lo clausuraron. Las grandes revoluciones parecen íntimamente conectadas con la modernidad. Si hay algún siglo que merezca el título de “siglo de la revolución”, ese es el XX. Quizás junto a los de “progreso” y “ciencia”, el de “revolución” completa el trío de los conceptos que encarnan el significado de nuestra época.

La idea de revolución: una ojeada a su historia

El concepto de revolución lleva consigo una doble vida, se presenta de dos formas:

1.    Pertenece al discurso societal dominado por el sentido común. Desde aquí evoluciona a una imagen más compleja, profundamente imbuida de evaluaciones y connotaciones emocionales, que podría ser llamada el “mito de la revolución”.
2.    Pertenece al discurso sociológico, aparece en el razonamiento científico, Aquí evolucionan para convertirse en un complejo constructor teórico que engendra hipótesis explicativas, llamado “teoría de la revolución”.

Ambos niveles del discurso, el societal y el sociológico, son componentes de la conciencia social: entran en una relación doble, dialéctica, con la vida social, reflexivamente, retroalimentan la vida social. Ambas reconstrucciones mentales de su tiempo y significativos agentes causales.

Son mutuamente interdependientes, esta vez lo hace dentro del nivel de la conciencia social, entre el discurso societal y el discurso sociológico. La teoría de la revolución se inspira profundamente en el mito de la revolución; con algo de inevitable retraso explica y sistematiza lo que la gente corriente piensa acerca de la revolución, va más allá del sentido común. La teoría puede desarrollar su propia inercia, comenzar a vivir su propia vida y seguir su lógica propia de elaboración. Una teoría singular no está aislada sino conectada con otras teorías y refleja las premisas de un enfoque u orientación teórica dominante. Al ir más allá del sentido común, la teoría de la revolución puede entonces retroalimentar reflexivamente el mito de la revolución.

El concepto de revolución es relativamente joven, había aparecido ya en el SXIV pero con un significado mucho más general, diferente, significaba meramente movimiento circular, dar vueltas. Copérnico tituló su famoso tratado “Sobre las revoluciones de los cuerpos celestes”. Todavía nos referimos a los movimientos a lo largo de una trayectoria circular o a las rotaciones de una rueda como revoluciones. En el SXVII el término fue apropiado por la filosofía política. Vino a significar cambio cíclico de gobernantes o de elites políticas en los estados emergentes.

Hasta el SXVIII, con la gran Revolución francesa (1789) como arquetipo, cuando el concepto moderno de revolución toma forma. Empieza a ser usado para la descripción de parecidas rupturas epocales, la remodelación fundamental de la sociedad por la sociedad. El SXIX con su dinamismo y optimismo ilimitados por la expansión de la modernidad, fue también la edad de oro de la revolución. La sociedad era vista como sometida a un cambio necesario y progresivo, guiado por la razón o por la historia, siempre para mejor, hacia un orden futuro ideal. Las revoluciones eran consideradas inevitables, umbrales cruciales en esta senda, momentos de galvanización y aceleración de procesos racionales y benéficos. Con Karl Marx el concepto de revolución tomó un sesgo particular, penetrando en el dominio de la ideología, como poderosa herramienta de crítica anticapitalista y de fundamentación alternativa del proyecto comunista.

El mito de la revolución comienza a desmoronarse y quebrarse en el SXX, la era de la modernidad decadente, El progreso da paso a la crisis como lema de la época. El mito de la revolución es socavado por la experiencia trágica y recurrente de las revoluciones reales. La revolución todavía es percibida como una ruptura fundamental en la continuidad social, producida por las masas humanas de forma violenta y súbita, pero ya no es vista como la encarnación de una lógica última de la historia. Las revoluciones son percibidas como desastres en lugar de cómo redenciones o salvaciones de la humanidad. La mayor parte de la gente ya no sueña con las revoluciones sino que las teme. Los historiadores y sociólogos empiezan a cuestionar las imágenes gloriosas o heroicas de las revoluciones pasadas.